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LA EVOLUCION HUMANA

LA EVOLUCION HUMANA

El tema de la evolución humana ha sido siempre uno de los más complicados y controvertidos para los estudiosos de la naturaleza humana, sin lugar a dudas por el hecho de tratar un tema que nos afecta directamente. Pero por esa misma importancia, muchos autores se han enfocado en mayor o menor medida en discutir el tema.

En este caso, lo que quiero es exponer de manera breve la visión de Charles Darwin sobre el tema. Su interés por explicar el origen y la naturaleza del ser humano empezó desde muy temprano, prácticamente desde sus inicios como naturalista, entre 1838 y 1839, situación que podemos confirmar mediante sus cuadernos de trabajo sobre la transmutación de las especies, en los que ya delineaba de manera general algunas de sus ideas, partiendo de dudas como el origen único de la humanidad, o la antigüedad de la misma; por ejemplo, en el cuaderno M escribió en general sobre el hombre, la mente y el materialismo, mientras que en el N lo hizo sobre diferencias sexuales, metafísica y expresiones.

Cabe destacar que no trató el tema en la que es sin duda su obra más conocida, El origen de las especies, en la que sólo hay una mención acerca de la importancia de la teoría de la selección natural para entender el origen del ser humano y su historia, aunque al mismo tiempo ya se observa la claridad que tenía Darwin sobre el tema en general, al considerar, todavía no de manera explícita, que la especie humana no era una excepción en el contexto de la transformación de las especies.

Pero pese a tener esa claridad no trató el tema directamente por muchos años, situación que podemos confirmar en cartas como la enviada a Alfred R. Wallace el 22 de diciembre de 1857, en la que manifestaba que prefería esquivar el tema, debido a los prejuicios sobre el mismo, aunque al mismo tiempo consideraba que era el tema más importante para cualquier naturalista; o el comentario hecho en una carta dirigida a Charles Lyell el 20 de octubre de 1859, poco menos de un mes y medio antes de publicar el Origen, en la que le manifestaba su postura sobre las explicaciones naturalistas, al afirmar que era con la teoría de la selección natural como se podía explicar el origen de cualquier animal, asumiendo que el ser humano era un organismo más de la naturaleza.

Finalmente, sería hasta 1871 cuando publicaría un escrito en el que públicamente planteaba sus ideas sobre el caso concreto de la evolución del ser humano, El origen del hombre, y la selección en relación al sexo, obra con la que complementaría lo ya planteado en El origen de las especies, la aplicación de la teoría de la selección natural para explicar la aparición y diversidad de las especies, extendiendo la explicación al caso del ser humano, procurando siempre dar una explicación de corte naturalista.

Se han planteado diversas razones para el hecho de que no hubiera hecho públicas sus ideas sobre este tema en particular: se ha argumentado que El origen del hombre refleja en buena medida una maduración de su visión sobre las divergencias raciales entre las diversas razas humanas debidas a la selección sexual, con el objetivo de apoyar una “causa sagrada” que compartía con su familia, la abolición de la esclavitud, a partir de las observaciones que hizo no sólo de este fenómeno entre los animales, sino también entre los humanos, y ese reflejo se vio influenciado directamente por lo que Darwin observó dentro de la sociedad inglesa. Se ha propuesto también que este libro fue la manera de redondear su visión sobre la selección natural, al incluir de manera puntual y amplia el caso del ser humano (aunque no hay que dejar de lado el hecho que buena parte de la obra la dedicó también a la exposición de la selección sexual tanto en el caso de los animales como en el del ser humano). Se ha planteado también que la reticencia de Darwin a exponer públicamente sus ideas se vieron trastocadas fuertemente cuando en 1869 Wallace publicó la ya mencionada reseña sobre las obras de Lyell en la que al final de manera contundente afirmaba que la mente humana, como característica distintiva del ser humano no podía haber surgido por la acción de la selección natural, y fue tal el desencanto de Darwin que se decidió finalmente a exponer públicamente sus ideas.

Más allá de las razones, es un hecho que la obra complementó la visión transformista de Darwin, al incluir de manera explícita al ser humano. De manera resumida, el argumento central era mostrar que se podía hacer un recuento totalmente naturalista sobre el ser humano, ya que todas sus características, tanto biológicas como psíquicas encontraban su explicación en procesos naturales. Para ello, Darwin planteaba tres puntos básicos:

  • Primero, quería mostrar que había una continuidad entre los animales y el ser humano, ejemplificándolo con las numerosas evidencias que conocía y que ya había utilizado en otras obras (ejemplo, evidencias resultado de estudios de anatomía comparada, a nivel de órganos de diversos tipos entre animales y humanos).
  • Segundo, afirmar de manera categórica que había sido por selección natural que se habían originado las características distintivas asociadas al ser humano, para lo que de nueva cuenta se valió del argumento de la continuidad entre los animales y los humanos.
  • Y tercero, conceder que aunque tales características no hubieran surgido por selección natural, podían haber surgido por procesos enteramente naturales.

Hay que ver que la mayor parte de la argumentación de la obra está enfocada en el punto del ser humano y sus características distintivas, y no tanto en el asunto de las razas humanas, tema en el que se concentra en explicar las diferencias entre las mismas, en la misma línea que lo habían hecho ya otros autores como Johann Friedrich Blumenbach y James Cowles Prichard.

Con todo, El Origen del Hombre se convirtió en una aportación fundamental de Darwin para afianzar las explicaciones naturalistas en el siglo XIX, e impulsar los estudios sobre el ser humano desde una perspectiva biológica, con lo que permitió el desarrollo posterior de disciplinas como la antropología física y la psicología evolutiva, pero sobre todo reafirmó los alcances de las explicaciones naturalistas, al hacer ver que el ser humano era parte integral de la naturaleza.

 

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